Europa debe mirar más allá de EE. UU. y China para resolver su problema de productividad

 Dani Rodrik y el dilema europeo: ¿innovar, difundir tecnología o construir capacidades sistémicas?

1. La tesis central: Europa no necesita copiar a Estados Unidos ni a China, sino resolver su propio problema de productividad

El artículo de Dani Rodrik —Europe Must Look Beyond the US and China to Solve Its Productivity Problem, publicado el 12 de octubre de 2026— introduce una cuestión fundamental en el debate sobre la competitividad europea.

¿De qué sirve liderar una revolución tecnológica si sus beneficios no llegan al conjunto de las empresas, los trabajadores y la economía?

Rodrik considera que buena parte del debate europeo está excesivamente centrado en la competición por las tecnologías de frontera. Se habla de crear grandes empresas de inteligencia artificial, imitar Silicon Valley, competir con los gigantes tecnológicos estadounidenses o reproducir la potencia industrial china.

Sin embargo, recuerda que generar innovaciones no equivale automáticamente a mejorar la productividad.

La prosperidad depende también de que las tecnologías disponibles lleguen al tejido empresarial, transformen la organización del trabajo, mejoren la eficiencia y eleven las capacidades de los trabajadores.

Su propuesta presta especial atención a los servicios, donde se concentra gran parte de la actividad económica y del empleo europeo.

Rodrik no rechaza toda política industrial. Propone una política de colaboración público-privada orientada a detectar y resolver los obstáculos concretos que impiden adoptar innovaciones, en lugar de centrarse exclusivamente en financiar nuevas tecnologías.

El documento adjunto desarrolla esta interpretación y plantea una objeción: Europa necesita difusión tecnológica, pero también conservar capacidades de innovación propias y autonomía estratégica.

Considero que aquí encontramos una oportunidad importante para avanzar en RMS.

Rodrik explica cómo convertir la tecnología en productividad. RMS puede complementar ese planteamiento explicando cómo convertir la productividad en capacidades acumulativas, resiliencia y autonomía económica.

Ambos enfoques no son idénticos, pero pueden reforzarse mutuamente.

2. Tres modelos económicos y tres formas de generar productividad

Para comprender las diferencias conviene comparar los mecanismos, no solamente los resultados.

Dimensión

Estados Unidos

China

Europa: propuesta de Rodrik

Motor destacado

Innovación de frontera, capital riesgo y grandes plataformas

Inversión industrial, escala, coordinación y competencia manufacturera

Adopción y difusión tecnológica

Ventaja característica

Creación y comercialización de nuevas tecnologías

Industrialización acelerada y ecosistemas de proveedores

Capital humano, instituciones y economía social de mercado

Principal limitación

Beneficios tecnológicos y económicos distribuidos desigualmente

Sobrecapacidad, deuda y presión exportadora

Adopción lenta, fragmentación y dificultades organizativas

Prioridad de política

Innovación y crecimiento empresarial

Desarrollo de capacidades industriales

Productividad generalizada, especialmente en servicios

Esta comparación es esquemática: Estados Unidos también posee una gran política industrial y China también impulsa innovación de frontera.

La diferencia reside en los mecanismos que cada modelo enfatiza.

La gran aportación de Rodrik: distinguir invención, adopción y productividad

Europa puede disponer de investigaciones excelentes y empresas tecnológicamente avanzadas sin conseguir que sus innovaciones se conviertan en mejoras generalizadas.

Una pyme puede tener acceso a herramientas de IA y no utilizarlas eficazmente por falta de formación, datos, cambios organizativos o financiación.

Una empresa puede comprar maquinaria avanzada y seguir siendo poco productiva porque no modifica sus procesos.

Un hospital puede incorporar software y no reducir las cargas administrativas si los sistemas no están integrados.

Por tanto, la tecnología disponible no equivale a capacidad tecnológica efectiva.

Esta diferencia debe incorporarse de manera explícita a RMS.

La transformación requiere una secuencia:

De la innovación al bienestar: mecanismo de transmisión

Innovación y conocimiento

Ciencia, investigación, desarrollo tecnológico

Difusión y adopción

Empresas, servicios, trabajadores, administraciones

Capacidades organizativas

Formación, procesos, inversión, incentivos y aprendizaje

Productividad

Más valor por recurso empleado

Prosperidad y bienestar

Dependen también de salarios, distribución, instituciones y servicios públicos

La transmisión no es automática: puede interrumpirse en cualquiera de sus etapas.

Este enfoque encuentra respaldo en un estudio de julio de 2026 del Productivity Institute, que identifica dificultades europeas para conectar innovación, inversión, organización empresarial y difusión tecnológica.

3. El punto de discusión: ¿puede Europa limitarse a adoptar tecnologías desarrolladas por otros?

Aquí aparece una diferencia importante entre el énfasis de Rodrik y las preocupaciones de competencia sistémica que estamos desarrollando en RMS.

Rodrik sostiene que gran parte de los beneficios de la IA provendrán de su utilización. Una empresa europea puede mejorar su productividad mediante herramientas alojadas en infraestructuras extranjeras sin necesidad de fabricar sus propios chips o desarrollar un modelo fundacional.

Económicamente, el argumento tiene fuerza.

No es necesario inventar cada tecnología para beneficiarse de ella.

El comercio internacional y la especialización permiten aprovechar innovaciones ajenas. Intentar reproducir todas las tecnologías dentro de Europa sería extremadamente costoso y probablemente ineficiente.

Pero existe otra cuestión: ¿qué sucede cuando una tecnología deja de ser simplemente un insumo y se convierte en una infraestructura imprescindible para producir, innovar o prestar servicios?

La diferencia puede ser decisiva.

Una empresa europea podría adoptar IA estadounidense o china y aumentar su productividad de forma inmediata. Eso sería positivo.

Sin embargo, si posteriormente no puede cambiar de proveedor, exportar sus datos, mantener la continuidad del servicio o modificar sus procesos sin autorización externa, habría ganado eficiencia al precio de una mayor dependencia.

Esto no ocurre necesariamente con toda tecnología extranjera. Depende de la interoperabilidad, los contratos, la concentración del mercado y las alternativas disponibles.

Desde RMS debemos distinguir:

Productividad obtenida mediante tecnología externa y capacidad de decisión conservada sobre el uso de esa tecnología.

Lo ideal es combinar ambas.

La pregunta no es si Europa debe producirlo todo. Es determinar qué tecnologías puede adoptar libremente del exterior, cuáles debe desarrollar conjuntamente con aliados y en cuáles necesita conservar capacidades propias.

4. La conexión con el China Shock 3.0: ¿quién controla la productividad del futuro?

Este es probablemente el apartado más relevante para nuestra investigación.

En los trabajos anteriores hemos distinguido tres grandes etapas de la competencia industrial china.

China Shock 1.0

China Shock 2.0

China Shock 3.0

Principal competencia

Bienes manufactureros tradicionales

Industrias avanzadas y mercados mundiales

Arquitecturas tecnológicas y cognitivas

Mecanismo

Costes, especialización y escala

Inversión, proveedores, innovación y capacidad exportadora

Software, datos, IA, automatización y aprendizaje

Riesgo europeo

Desplazamiento productivo y laboral

Erosión de capacidades industriales y pérdida de escala

Dependencia tecnológica y menor autonomía de adaptación

Respuesta

Ajuste, formación y diversificación

Productividad, innovación, inversión y coordinación

Difusión tecnológica con control de capacidades críticas

Debemos precisar que el Shock 3.0 sigue siendo una hipótesis RMS sobre una posible nueva fase competitiva, no un acontecimiento completamente demostrado.

El dilema que introduce Rodrik

Si Europa sigue su propuesta de difundir masivamente la IA entre empresas, hospitales, comercios, administraciones e industrias, podría obtener ganancias importantes de productividad.

Pero debemos preguntarnos:

¿Quién proporciona la infraestructura tecnológica que permite conseguir esas ganancias?

Imaginemos una industria europea altamente automatizada cuya producción depende de plataformas externas para analizar datos, programar robots, controlar procesos y optimizar operaciones.

Mientras esas herramientas sean fiables, asequibles, interoperables y sustituibles, su utilización puede resultar perfectamente racional.

El problema aparece si una parte esencial de su funcionamiento queda controlada por proveedores que no pueden sustituirse en un plazo razonable.

En ese caso, una productividad mayor podría coexistir con una autonomía tecnológica menor.

Esta posibilidad conecta con nuestro principio RMS de criticidad temporal:

Una dependencia tecnológica se convierte en estratégicamente crítica cuando el tiempo necesario para sustituirla supera el período durante el cual la actividad económica puede tolerar su interrupción.

Por tanto, no debemos contraponer adopción tecnológica y autonomía.

La cuestión es cómo organizar la adopción para aumentar simultáneamente la productividad y la capacidad de adaptación.

Una distinción que debemos conservar

El texto adjunto incluye entre los rasgos del Shock 3.0 la sobrecapacidad industrial, los vehículos eléctricos y las baterías.

Para mantener la coherencia de nuestra teoría, convendría reservar esos fenómenos principalmente para el Shock 2.0.

El Shock 3.0 debería centrarse específicamente en la competencia por las capacidades que gobiernan, automatizan y permiten aprender a los sistemas industriales.

De esta forma, cada etapa identifica un mecanismo diferente, aunque puedan coexistir.

5. Rodrik y Draghi: una falsa disyuntiva entre innovar y difundir

El documento adjunto presenta el argumento de Rodrik como un complemento a las prioridades del Informe Draghi: inversión, escala, energía, integración de mercados y autonomía tecnológica.

Esta complementariedad merece desarrollarse.

Europa necesita grandes proyectos tecnológicos, pero también miles de empresas capaces de aprovechar sus resultados.

Si concentra sus recursos exclusivamente en crear grandes empresas de IA, puede acabar con excelentes tecnologías sin mejoras suficientes en la productividad general.

Si se concentra exclusivamente en adoptar tecnologías extranjeras, puede mejorar su productividad a corto plazo sin resolver determinadas dependencias estratégicas.

La respuesta no exige repartir los recursos a partes iguales.

Exige reconocer que existen dos problemas económicos distintos.

Uno consiste en desarrollar tecnologías y capacidades de frontera.

El otro consiste en difundirlas, adaptarlas y convertirlas en productividad.

A estos dos problemas, RMS añade un tercero: conservar la capacidad del sistema para renovarse y decidir bajo condiciones de incertidumbre.

La síntesis Draghi – Rodrik – RMS

Draghi

Invertir, integrar y escalar

Construir competitividad

Rodrik

Adoptar, difundir y elevar la productividad

Extender beneficios

RMS

Crear, seleccionar y renovar capacidades

Conservar adaptación y decisión

Objetivo conjunto

Una economía europea productiva, innovadora, resiliente y capaz de transformar sus capacidades a largo plazo

Esta síntesis permite superar el debate sobre qué modelo debe copiar Europa.

No necesita imitar íntegramente ninguno.

Necesita construir una combinación institucional que aproveche sus propias fortalezas y corrija sus debilidades.

6. Una nueva aportación a RMS: la capacidad sistémica de difusión tecnológica

El texto de Rodrik nos permite desarrollar un concepto que debería ocupar un lugar relevante en la teoría RMS.

Capacidad Sistémica de Difusión y Absorción Tecnológica (CSDAT)

La capacidad de un sistema económico para identificar, incorporar, adaptar y extender tecnologías y conocimientos entre empresas, trabajadores e instituciones, transformándolos en productividad, aprendizaje y nuevas capacidades productivas.

No se trata simplemente de comprar tecnología.

Incluye formación, calidad de gestión, redes de proveedores, financiación, conocimiento organizativo, interoperabilidad y mecanismos de cooperación entre empresas e instituciones.

Una economía puede poseer grandes centros de investigación y una capacidad de difusión reducida.

Otra puede desarrollar una gran productividad adoptando tecnologías externas, pero disponer de capacidades limitadas para crear nuevas soluciones.

La competitividad sistémica requiere una combinación adecuada de ambas.

Esta propuesta refuerza nuestra idea anterior:

Los recursos no son capacidades. La tecnología tampoco es automáticamente una capacidad: se convierte en ella cuando el sistema sabe utilizarla, adaptarla y renovarla.

Cómo podría medirse

Para evitar convertir el concepto en una definición puramente teórica, deberíamos observar indicadores como la adopción de tecnologías por tamaño empresarial, la productividad dentro de los sectores, la formación técnica, el tiempo de implantación de innovaciones, la capacidad de modificar tecnologías adquiridas y la aparición de nuevos proveedores especializados.

También deberíamos medir si las mejoras se difunden desde las empresas líderes hacia el conjunto del tejido productivo o permanecen concentradas.

Esto conecta directamente con una de las debilidades europeas: la coexistencia de empresas extraordinariamente productivas con otras que presentan importantes dificultades para adoptar herramientas relativamente maduras.

7. Las soluciones RMS: pasar de una teoría de competitividad a una arquitectura de ejecución

La principal aportación práctica de Rodrik no consiste únicamente en recomendar más difusión tecnológica.

Consiste en advertir que los obstáculos son específicos de cada actividad.

Una pyme industrial puede necesitar financiación y personal técnico.

Un hospital puede necesitar integración de datos, formación y cambios organizativos.

Un comercio puede necesitar herramientas digitales sencillas y un modelo de gestión diferente.

No existe una única solución tecnológica válida para todos.

Aquí los instrumentos RMS podrían cumplir funciones complementarias.

Instrumento

Aplicación a la productividad europea

SOEI

Identificar dependencias y cuellos de botella tecnológicos, incluidos software, proveedores y tiempos de sustitución

SOIE

Coordinar empresas, centros tecnológicos, formación, infraestructuras y programas de adopción

Matriz de Valor Estratégico

Comparar inversiones por productividad, aprendizaje, creación de capacidades y resiliencia

Protocolo RMS de Inversiones

Seleccionar proyectos, establecer compromisos, comprobar resultados y revisar ayudas

Un ejemplo: la adopción de IA en 10.000 pymes europeas

Imaginemos un programa público dirigido a mejorar la productividad mediante inteligencia artificial.

Una política tradicional podría concentrarse en financiar licencias de software o subvencionar la compra de equipamiento.

Una política inspirada en Rodrik estudiaría primero qué impide a esas empresas utilizar eficazmente la IA.

Una política RMS integraría ambos aspectos y añadiría la evaluación estratégica.

El SOEI identificaría dependencias tecnológicas y riesgos de concentración.

El SOIE conectaría a las empresas con proveedores, universidades y especialistas capaces de adaptar las soluciones.

La Matriz de Valor Estratégico examinaría si el programa está generando productividad, empleo cualificado y conocimiento reutilizable.

El Protocolo RMS establecería objetivos medibles, compararía proyectos con grupos de referencia y permitiría retirar o modificar apoyos que no funcionasen.

El objetivo no sería conseguir 10.000 nuevas suscripciones a herramientas de IA.

El objetivo sería conseguir 10.000 empresas con mayor capacidad real para producir, gestionar, innovar y adaptarse.

8. El problema europeo más difícil: no todo puede ser prioritario

Europa quiere simultáneamente financiar la transición energética, mejorar la defensa, aumentar la productividad, reforzar la autonomía tecnológica, desarrollar inteligencia artificial y conservar su modelo social.

Pero sus recursos financieros, institucionales y humanos son limitados.

Este es un problema económico de asignación de recursos, no solamente de voluntad política.

La competencia sistémica obliga a responder a preguntas incómodas.

¿Qué capacidades necesita Europa conservar directamente?

¿Cuáles puede desarrollar de forma compartida con Japón, Corea del Sur, Canadá, Reino Unido u otros socios?

¿Y cuáles puede adquirir mediante el comercio sin comprometer su capacidad de decisión?

La respuesta variará por sector.

Para determinadas aplicaciones de IA, puede resultar más eficiente adoptar herramientas existentes que intentar desarrollar modelos europeos equivalentes.

En otras aplicaciones industriales o de seguridad, conservar capacidades de ingeniería, control, integración o sustitución puede ser fundamental.

La estrategia Made with Europe encaja aquí: construir conjuntamente las capacidades que no resulta eficiente desarrollar individualmente.

Pero el criterio de decisión debe ser económico y estratégico, no simplemente geográfico.

La importancia de los costes de oportunidad

Financiar un proyecto industrial significa no destinar esos mismos recursos a otra actividad.

Por eso RMS debe incorporar expresamente los costes de oportunidad.

No toda industria avanzada merece protección.

No toda dependencia exterior resulta peligrosa.

No toda inversión tecnológica genera productividad.

Y no toda capacidad perdida necesita reconstruirse.

Una teoría seria de competencia sistémica debe explicar tanto dónde intervenir como dónde no hacerlo.

9. España: el problema de productividad no se resolverá únicamente creando nuevas industrias avanzadas

El planteamiento de Rodrik tiene implicaciones importantes para España.

La política industrial es necesaria, pero el aumento de productividad también depende de actividades que no suelen aparecer en los grandes debates estratégicos: comercio, turismo, logística, cuidados, construcción, servicios profesionales y administraciones públicas.

Una mejora de la gestión empresarial, de la formación o de los procesos digitales puede tener efectos relevantes sobre una parte amplia del empleo.

España podría beneficiarse de una estrategia doble.

Por un lado, desarrollar capacidades industriales avanzadas en ámbitos donde disponga de ventajas reales o posibilidades de especialización.

Por otro, acelerar la difusión tecnológica y organizativa en el tejido empresarial existente.

El mayor error sería tratar estas dos tareas como alternativas.

Una economía que solo desarrolla grandes proyectos industriales puede dejar atrás al conjunto de las pymes.

Pero una economía que únicamente mejora sus servicios puede continuar dependiendo de otros sistemas para determinadas tecnologías esenciales.

En términos RMS, España necesita aumentar la productividad de sus actividades actuales mientras construye nuevas capacidades de futuro.

La cuestión decisiva es cómo coordinar ambas políticas, no cuál elegir.

10. Conclusiones 

El análisis de Rodrik y de las notas adjuntas permite extraer cinco conclusiones especialmente relevantes.

Primera: productividad e innovación son conceptos diferentes. Crear tecnología no garantiza su utilización eficiente. La difusión y la absorción requieren capacidades organizativas e institucionales.

Segunda: las capacidades de frontera y las capacidades de difusión son complementarias. Europa no necesita liderar todas las tecnologías, pero debe determinar cuáles son esenciales para mantener su autonomía.

Tercera: el China Shock 3.0 exige estudiar quién controla las tecnologías utilizadas para producir. La difusión masiva de IA puede elevar la productividad europea y, simultáneamente, generar dependencias si no existen alternativas ni capacidad de adaptación.

Cuarta: la verdadera competencia sistémica depende también de la capacidad de aprender. No basta con disponer de recursos, industrias o patentes. Importa cómo el conocimiento se extiende, transforma las organizaciones y genera nuevas capacidades.

Quinta: Europa necesita seleccionar prioridades. La estrategia industrial no puede consistir en proteger todos los sectores ni financiar todas las tecnologías. Debe concentrarse en intervenciones donde existan beneficios económicos o estratégicos suficientemente justificados.

Síntesis final: Rodrik, Draghi y RMS

La lectura conjunta permite formular una propuesta más completa para el modelo económico europeo del siglo XXI:

Draghi nos recuerda que Europa necesita inversión, integración y escala.

Rodrik nos recuerda que la innovación solo genera prosperidad cuando sus beneficios se difunden por el conjunto de la economía.

RMS añade que la competitividad duradera depende de la capacidad del sistema para crear, absorber, seleccionar y renovar tecnologías y capacidades, conservando suficientes alternativas para decidir su propio futuro.

En definitiva, Europa no necesita elegir entre innovar o difundir, entre protegerse o comerciar, entre capacidades propias o alianzas.

Necesita construir mecanismos institucionales que permitan decidir en cada caso qué combinación produce mejores resultados.

Y aquí aparece la cuestión que considero más importante :

La gran debilidad europea podría no estar únicamente en su distancia respecto a la frontera tecnológica estadounidense o china, sino en su dificultad para coordinar los recursos, transformar conocimiento en productividad y convertir esa productividad en capacidades sistémicas acumulativas.

Si esta hipótesis se confirma, el problema europeo no sería exclusivamente una insuficiencia de inversión o innovación.

Sería también un problema de arquitectura económica e institucional.

 RMS  aporta un marco analítico propio: pasar de observar cuánto innova o produce una economía a explicar cómo transforma sus recursos y conocimientos en capacidades productivas, adaptativas y estratégicas que perduran en el tiempo

Dani Rodrik,"Europe Must Look Beyond the US and China to Solve Its Productivity Problem", plantea una tesis provocadora: el problema europeo de productividad no se resolverá copiando ni el modelo estadounidense de innovación radical ni el modelo chino de industrialización dirigida por el Estado. En su opinión, Europa debería centrarse menos en la frontera tecnológica y más en la difusión de las innovaciones existentes hacia el conjunto del tejido productivo, especialmente pymes, trabajadores y sectores tradicionales

Europa debe mirar más allá de EE. UU. y China para resolver su problema de productividad

Rodrik parte de un diagnóstico ampliamente compartido: la productividad laboral europea ha crecido mucho más lentamente que la estadounidense durante las últimas décadas, lo que ha ampliado la brecha de renta entre ambas economías. Además, observa que el debate europeo suele estar obsesionado con la ausencia de grandes plataformas tecnológicas comparables a las estadounidenses o con el ascenso tecnológico chino. [tomorrowsaffairs.com], [tomorrowsaffairs.com]

Sin embargo, sostiene que:

  1. La innovación no genera automáticamente productividad. Estados Unidos ha liderado muchas de las innovaciones digitales más importantes, pero ello no siempre se ha traducido en aumentos generalizados de productividad. [tomorrowsaffairs.com], [tomorrowsaffairs.com]

  2. Lo importante es la difusión tecnológica. La productividad agregada mejora cuando las innovaciones alcanzan a empresas medianas y pequeñas, elevando las capacidades de amplios segmentos de la economía. [tomorrowsaffairs.com], [tomorrowsaffairs.com]

  3. Europa posee ventajas institucionales propias. Su fortaleza no reside necesariamente en crear el próximo Google o Nvidia, sino en combinar cohesión social, capital humano e instituciones capaces de extender mejoras tecnológicas de forma más inclusiva. [tomorrowsaffairs.com]

1. Rodrik acierta al distinguir innovación y productividad

Desde la perspectiva schumpeteriana y también desde la literatura sobre productividad, existe una diferencia fundamental entre:

  • producir innovaciones tecnológicas;
  • difundirlas al conjunto de la economía.

La paradoja de Solow ya mostraba que la revolución informática tardó décadas en reflejarse plenamente en las estadísticas de productividad. Del mismo modo, la IA generativa puede producir enormes valoraciones bursátiles sin que ello implique necesariamente un aumento inmediato de la productividad agregada.

En este sentido, Rodrik recuerda una realidad incómoda para Europa: no basta con financiar startups o aumentar el gasto en I+D si el tejido empresarial sigue fragmentado y si las pymes no absorben las nuevas tecnologías.


2. Subestima parcialmente el papel de la frontera tecnológica

Donde el argumento resulta más discutible es en la aparente separación entre innovación y difusión.

En realidad, ambas suelen reforzarse mutuamente.

Las empresas que lideran tecnologías de frontera generan:

  • ecosistemas empresariales;
  • proveedores especializados;
  • formación de capital humano;
  • clusters tecnológicos;
  • externalidades de conocimiento.

Silicon Valley no sólo produce innovación para unas pocas empresas; crea una infraestructura de conocimiento que beneficia al conjunto de la economía estadounidense.

De forma similar, China no sólo persigue liderazgo tecnológico por prestigio nacional. Su estrategia busca controlar sectores enteros de las cadenas de valor y generar economías de escala que después reducen costes para cientos de miles de empresas.

Por tanto, Europa corre el riesgo de interpretar incorrectamente a Rodrik y concluir:

"No necesitamos campeones tecnológicos propios."

Esa sería una lectura peligrosa.


3. El análisis encaja con el debate abierto por el Informe Draghi

El artículo puede leerse como una respuesta implícita al enfoque dominante tras el Informe Draghi de 2024.

Mientras Draghi enfatiza:

  • escala empresarial,
  • inversión,
  • energía,
  • integración de mercados,
  • autonomía tecnológica,

Rodrik desplaza el foco hacia la productividad cotidiana de la empresa media. [tomorrowsaffairs.com], [tomorrowsaffairs.com]

En realidad, ambas visiones parecen complementarias más que contradictorias.

Europa necesita simultáneamente:

  1. Empresas líderes capaces de competir en semiconductores, IA, biotecnología o tecnologías limpias.
  2. Mecanismos para que esas innovaciones se transmitan rápidamente al conjunto de la economía.

4. Conexión con  "China Shock 3.0"

Este punto resulta especialmente relevante para tu línea de investigación sobre el shock chino.

Rodrik parece asumir implícitamente que Europa puede mantener su modelo social mejorando la eficiencia interna. Sin embargo, la cuestión estratégica es si eso será suficiente frente a una China que ya no sólo compite en costes sino también en sectores tecnológicos avanzados.

Si emerge un China Shock 3.0, caracterizado por:

  • sobrecapacidad industrial,
  • exportación masiva de productos de alta tecnología,
  • liderazgo en vehículos eléctricos,
  • liderazgo en baterías,
  • liderazgo creciente en IA aplicada y robótica,

el problema europeo puede no ser únicamente de productividad.

Podría ser un problema de:

  • especialización productiva,
  • control de cadenas de valor,
  • pérdida de capacidades industriales.

Desde esta perspectiva, la difusión tecnológica que propone Rodrik es necesaria, pero posiblemente insuficiente.


5. Relación con RMS

Desde el marco RMS que has estado desarrollando, el artículo resulta especialmente interesante porque se centra en un mecanismo microeconómico:

la propagación de capacidades dentro del sistema económico.

RMS sugeriría que:

  • la productividad no depende sólo de la innovación;
  • depende también de la arquitectura de relaciones que permite que esa innovación se distribuya.

En términos sistémicos:

La ventaja competitiva no reside únicamente en generar conocimiento, sino en la capacidad del sistema para absorberlo y reutilizarlo.

En este sentido, Rodrik está planteando una intuición muy próxima a una lógica de resiliencia y difusión sistémica.

Conclusión

 Rodrik identifica correctamente uno de los grandes déficits europeos: la obsesión por la innovación de frontera ha eclipsado el problema de la difusión tecnológica y organizativa hacia el conjunto de la economía. [tomorrowsaffairs.com], [tomorrowsaffairs.com]

No obstante, el artículo infravalora un riesgo geoeconómico clave: en un contexto de competencia tecnológica entre Estados Unidos y China, Europa difícilmente podrá sostener su prosperidad únicamente como gran difusora de innovaciones creadas por otros. La productividad requiere difusión, pero la autonomía estratégica exige también capacidades propias en la frontera tecnológica.

Europa necesita ser simultáneamente innovadora y difusora. Copiar a Silicon Valley sería insuficiente; renunciar a competir tecnológicamente también sería un error.

 Europe Must Look Beyond the US and China to Solve Its Productivity Problem 

Given America and China’s lead in AI and other cutting-edge innovations, it is not surprising that much of the European economic policy debate revolves around the need to emulate and catch up with these two technological superpowers. In fact, neither the US nor China offers a relevant or attractive model for Europe.


CAMBRIDGE—Europe faces a productivity crisis. Over the past quarter-century, its labor productivity has risen only half as rapidly as that of the United States, widening the gap between American and European incomes. Thanks to higher public expenditures, stronger labor-market institutions, and superior safety nets, the benefits of European economic growth are better distributed. But without improved productivity, European economies and democracies will remain at risk.


https://www.project-syndicate.org/commentary/europes-productivity-problem-cannot-be-solved-emulating-us-or-chinese-innovation-model-by-dani-rodrik-2026-10

La aportación más valiosa del artículo de Dani Rodrik es recordar que la productividad no depende exclusivamente de la innovación de frontera, sino de la capacidad de una sociedad para convertir el conocimiento en mejoras generalizadas de eficiencia y bienestar. Europa posee fortalezas institucionales, educativas y sociales que pueden facilitar precisamente esa difusión tecnológica a gran escala.

Sin embargo, el verdadero desafío europeo va más allá de la productividad. Europa se enfrenta simultáneamente a la presión tecnológica de Estados Unidos, a la competencia industrial de China, al envejecimiento demográfico, a la transición energética y a un entorno geopolítico cada vez más fragmentado. En este contexto, limitarse a difundir tecnologías desarrolladas por otros puede mejorar la eficiencia económica, pero difícilmente garantizará la autonomía estratégica del continente.

La cuestión central para Europa no es elegir entre el modelo estadounidense o el chino, sino construir un modelo propio. Un modelo que combine innovación, cohesión social e industria avanzada; que preserve las ventajas del Estado de bienestar sin renunciar a la competitividad global; y que sea capaz de generar capacidades tecnológicas propias en sectores estratégicos como la inteligencia artificial, los semiconductores, la energía limpia, la biotecnología o la defensa.

Desde una perspectiva geoeconómica, el objetivo europeo debería ser doble: liderar en algunos ámbitos tecnológicos críticos y, al mismo tiempo, asegurar que sus beneficios se difundan rápidamente por todo el tejido productivo. La verdadera ventaja competitiva de Europa no será reproducir Silicon Valley ni imitar la planificación industrial china, sino desarrollar un ecosistema capaz de combinar innovación, resiliencia y cohesión.

En última instancia, el debate no trata únicamente de productividad. Trata de si Europa quiere seguir siendo un actor capaz de definir las reglas de la economía mundial o resignarse a ser un espacio de consumo de tecnologías desarrolladas por otros. La productividad es una condición necesaria; la soberanía tecnológica y la capacidad industrial son las que determinarán su relevancia en el siglo XXI.


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