Europa debe mirar más allá de EE. UU. y China para resolver su problema de productividad
Dani Rodrik y el dilema europeo: ¿innovar, difundir tecnología o construir capacidades sistémicas?
1. La tesis central: Europa no necesita copiar a Estados Unidos ni a China, sino resolver su propio problema de productividad
El artículo de Dani Rodrik —Europe Must Look Beyond the US and China to Solve Its Productivity Problem, publicado el 12 de octubre de 2026— introduce una cuestión fundamental en el debate sobre la competitividad europea.
¿De qué sirve liderar una revolución tecnológica si sus beneficios no llegan al conjunto de las empresas, los trabajadores y la economía?
Rodrik considera que buena parte del debate europeo está excesivamente centrado en la competición por las tecnologías de frontera. Se habla de crear grandes empresas de inteligencia artificial, imitar Silicon Valley, competir con los gigantes tecnológicos estadounidenses o reproducir la potencia industrial china.
Sin embargo, recuerda que generar innovaciones no equivale automáticamente a mejorar la productividad.
La prosperidad depende también de que las tecnologías disponibles lleguen al tejido empresarial, transformen la organización del trabajo, mejoren la eficiencia y eleven las capacidades de los trabajadores.
Su propuesta presta especial atención a los servicios, donde se concentra gran parte de la actividad económica y del empleo europeo.
Rodrik no rechaza toda política industrial. Propone una política de colaboración público-privada orientada a detectar y resolver los obstáculos concretos que impiden adoptar innovaciones, en lugar de centrarse exclusivamente en financiar nuevas tecnologías.
El documento adjunto desarrolla esta interpretación y plantea una objeción: Europa necesita difusión tecnológica, pero también conservar capacidades de innovación propias y autonomía estratégica.
Rodrik explica cómo convertir la tecnología en productividad. RMS puede complementar ese planteamiento explicando cómo convertir la productividad en capacidades acumulativas, resiliencia y autonomía económica.
Ambos enfoques no son idénticos, pero pueden reforzarse mutuamente.
2. Tres modelos económicos y tres formas de generar productividad
Para comprender las diferencias conviene comparar los mecanismos, no solamente los resultados.
Dimensión | Estados Unidos | China | Europa: propuesta de Rodrik |
|---|---|---|---|
Motor destacado | Innovación de frontera, capital riesgo y grandes plataformas | Inversión industrial, escala, coordinación y competencia manufacturera | Adopción y difusión tecnológica |
Ventaja característica | Creación y comercialización de nuevas tecnologías | Industrialización acelerada y ecosistemas de proveedores | Capital humano, instituciones y economía social de mercado |
Principal limitación | Beneficios tecnológicos y económicos distribuidos desigualmente | Sobrecapacidad, deuda y presión exportadora | Adopción lenta, fragmentación y dificultades organizativas |
Prioridad de política | Innovación y crecimiento empresarial | Desarrollo de capacidades industriales | Productividad generalizada, especialmente en servicios |
Esta comparación es esquemática: Estados Unidos también posee una gran política industrial y China también impulsa innovación de frontera.
La diferencia reside en los mecanismos que cada modelo enfatiza.
La gran aportación de Rodrik: distinguir invención, adopción y productividad
Europa puede disponer de investigaciones excelentes y empresas tecnológicamente avanzadas sin conseguir que sus innovaciones se conviertan en mejoras generalizadas.
Una pyme puede tener acceso a herramientas de IA y no utilizarlas eficazmente por falta de formación, datos, cambios organizativos o financiación.
Una empresa puede comprar maquinaria avanzada y seguir siendo poco productiva porque no modifica sus procesos.
Un hospital puede incorporar software y no reducir las cargas administrativas si los sistemas no están integrados.
Por tanto, la tecnología disponible no equivale a capacidad tecnológica efectiva.
Esta diferencia debe incorporarse de manera explícita a RMS.
La transformación requiere una secuencia:
De la innovación al bienestar: mecanismo de transmisión
Innovación y conocimiento
Ciencia, investigación, desarrollo tecnológico
Difusión y adopción
Empresas, servicios, trabajadores, administraciones
Capacidades organizativas
Formación, procesos, inversión, incentivos y aprendizaje
Productividad
Más valor por recurso empleado
Prosperidad y bienestar
Dependen también de salarios, distribución, instituciones y servicios públicos
Este enfoque encuentra respaldo en un estudio de julio de 2026 del Productivity Institute, que identifica dificultades europeas para conectar innovación, inversión, organización empresarial y difusión tecnológica.
3. El punto de discusión: ¿puede Europa limitarse a adoptar tecnologías desarrolladas por otros?
Aquí aparece una diferencia importante entre el énfasis de Rodrik y las preocupaciones de competencia sistémica que estamos desarrollando en RMS.
Rodrik sostiene que gran parte de los beneficios de la IA provendrán de su utilización. Una empresa europea puede mejorar su productividad mediante herramientas alojadas en infraestructuras extranjeras sin necesidad de fabricar sus propios chips o desarrollar un modelo fundacional.
Económicamente, el argumento tiene fuerza.
No es necesario inventar cada tecnología para beneficiarse de ella.
El comercio internacional y la especialización permiten aprovechar innovaciones ajenas. Intentar reproducir todas las tecnologías dentro de Europa sería extremadamente costoso y probablemente ineficiente.
Pero existe otra cuestión: ¿qué sucede cuando una tecnología deja de ser simplemente un insumo y se convierte en una infraestructura imprescindible para producir, innovar o prestar servicios?
La diferencia puede ser decisiva.
Una empresa europea podría adoptar IA estadounidense o china y aumentar su productividad de forma inmediata. Eso sería positivo.
Sin embargo, si posteriormente no puede cambiar de proveedor, exportar sus datos, mantener la continuidad del servicio o modificar sus procesos sin autorización externa, habría ganado eficiencia al precio de una mayor dependencia.
Esto no ocurre necesariamente con toda tecnología extranjera. Depende de la interoperabilidad, los contratos, la concentración del mercado y las alternativas disponibles.
Desde RMS debemos distinguir:
Productividad obtenida mediante tecnología externa y capacidad de decisión conservada sobre el uso de esa tecnología.
Lo ideal es combinar ambas.
La pregunta no es si Europa debe producirlo todo. Es determinar qué tecnologías puede adoptar libremente del exterior, cuáles debe desarrollar conjuntamente con aliados y en cuáles necesita conservar capacidades propias.
4. La conexión con el China Shock 3.0: ¿quién controla la productividad del futuro?
Este es probablemente el apartado más relevante para nuestra investigación.
En los trabajos anteriores hemos distinguido tres grandes etapas de la competencia industrial china.
China Shock 1.0 | China Shock 2.0 | China Shock 3.0 | |
|---|---|---|---|
Principal competencia | Bienes manufactureros tradicionales | Industrias avanzadas y mercados mundiales | Arquitecturas tecnológicas y cognitivas |
Mecanismo | Costes, especialización y escala | Inversión, proveedores, innovación y capacidad exportadora | Software, datos, IA, automatización y aprendizaje |
Riesgo europeo | Desplazamiento productivo y laboral | Erosión de capacidades industriales y pérdida de escala | Dependencia tecnológica y menor autonomía de adaptación |
Respuesta | Ajuste, formación y diversificación | Productividad, innovación, inversión y coordinación | Difusión tecnológica con control de capacidades críticas |
Debemos precisar que el Shock 3.0 sigue siendo una hipótesis RMS sobre una posible nueva fase competitiva, no un acontecimiento completamente demostrado.
El dilema que introduce Rodrik
Si Europa sigue su propuesta de difundir masivamente la IA entre empresas, hospitales, comercios, administraciones e industrias, podría obtener ganancias importantes de productividad.
Pero debemos preguntarnos:
¿Quién proporciona la infraestructura tecnológica que permite conseguir esas ganancias?
Imaginemos una industria europea altamente automatizada cuya producción depende de plataformas externas para analizar datos, programar robots, controlar procesos y optimizar operaciones.
Mientras esas herramientas sean fiables, asequibles, interoperables y sustituibles, su utilización puede resultar perfectamente racional.
El problema aparece si una parte esencial de su funcionamiento queda controlada por proveedores que no pueden sustituirse en un plazo razonable.
En ese caso, una productividad mayor podría coexistir con una autonomía tecnológica menor.
Esta posibilidad conecta con nuestro principio RMS de criticidad temporal:
Una dependencia tecnológica se convierte en estratégicamente crítica cuando el tiempo necesario para sustituirla supera el período durante el cual la actividad económica puede tolerar su interrupción.
Por tanto, no debemos contraponer adopción tecnológica y autonomía.
La cuestión es cómo organizar la adopción para aumentar simultáneamente la productividad y la capacidad de adaptación.
Una distinción que debemos conservar
El texto adjunto incluye entre los rasgos del Shock 3.0 la sobrecapacidad industrial, los vehículos eléctricos y las baterías.
El Shock 3.0 debería centrarse específicamente en la competencia por las capacidades que gobiernan, automatizan y permiten aprender a los sistemas industriales.
De esta forma, cada etapa identifica un mecanismo diferente, aunque puedan coexistir.
5. Rodrik y Draghi: una falsa disyuntiva entre innovar y difundir
El documento adjunto presenta el argumento de Rodrik como un complemento a las prioridades del Informe Draghi: inversión, escala, energía, integración de mercados y autonomía tecnológica.
Europa necesita grandes proyectos tecnológicos, pero también miles de empresas capaces de aprovechar sus resultados.
Si concentra sus recursos exclusivamente en crear grandes empresas de IA, puede acabar con excelentes tecnologías sin mejoras suficientes en la productividad general.
Si se concentra exclusivamente en adoptar tecnologías extranjeras, puede mejorar su productividad a corto plazo sin resolver determinadas dependencias estratégicas.
La respuesta no exige repartir los recursos a partes iguales.
Exige reconocer que existen dos problemas económicos distintos.
Uno consiste en desarrollar tecnologías y capacidades de frontera.
El otro consiste en difundirlas, adaptarlas y convertirlas en productividad.
A estos dos problemas, RMS añade un tercero: conservar la capacidad del sistema para renovarse y decidir bajo condiciones de incertidumbre.
La síntesis Draghi – Rodrik – RMS
Draghi
Invertir, integrar y escalar
Construir competitividad
Rodrik
Adoptar, difundir y elevar la productividad
Extender beneficios
RMS
Crear, seleccionar y renovar capacidades
Conservar adaptación y decisión
Objetivo conjunto
Una economía europea productiva, innovadora, resiliente y capaz de transformar sus capacidades a largo plazo
Esta síntesis permite superar el debate sobre qué modelo debe copiar Europa.
No necesita imitar íntegramente ninguno.
Necesita construir una combinación institucional que aproveche sus propias fortalezas y corrija sus debilidades.
6. Una nueva aportación a RMS: la capacidad sistémica de difusión tecnológica
El texto de Rodrik nos permite desarrollar un concepto que debería ocupar un lugar relevante en la teoría RMS.
Capacidad Sistémica de Difusión y Absorción Tecnológica (CSDAT)
La capacidad de un sistema económico para identificar, incorporar, adaptar y extender tecnologías y conocimientos entre empresas, trabajadores e instituciones, transformándolos en productividad, aprendizaje y nuevas capacidades productivas.
No se trata simplemente de comprar tecnología.
Incluye formación, calidad de gestión, redes de proveedores, financiación, conocimiento organizativo, interoperabilidad y mecanismos de cooperación entre empresas e instituciones.
Una economía puede poseer grandes centros de investigación y una capacidad de difusión reducida.
Otra puede desarrollar una gran productividad adoptando tecnologías externas, pero disponer de capacidades limitadas para crear nuevas soluciones.
La competitividad sistémica requiere una combinación adecuada de ambas.
Esta propuesta refuerza nuestra idea anterior:
Los recursos no son capacidades. La tecnología tampoco es automáticamente una capacidad: se convierte en ella cuando el sistema sabe utilizarla, adaptarla y renovarla.
Cómo podría medirse
Para evitar convertir el concepto en una definición puramente teórica, deberíamos observar indicadores como la adopción de tecnologías por tamaño empresarial, la productividad dentro de los sectores, la formación técnica, el tiempo de implantación de innovaciones, la capacidad de modificar tecnologías adquiridas y la aparición de nuevos proveedores especializados.
También deberíamos medir si las mejoras se difunden desde las empresas líderes hacia el conjunto del tejido productivo o permanecen concentradas.
Esto conecta directamente con una de las debilidades europeas: la coexistencia de empresas extraordinariamente productivas con otras que presentan importantes dificultades para adoptar herramientas relativamente maduras.
7. Las soluciones RMS: pasar de una teoría de competitividad a una arquitectura de ejecución
La principal aportación práctica de Rodrik no consiste únicamente en recomendar más difusión tecnológica.
Consiste en advertir que los obstáculos son específicos de cada actividad.
Una pyme industrial puede necesitar financiación y personal técnico.
Un hospital puede necesitar integración de datos, formación y cambios organizativos.
Un comercio puede necesitar herramientas digitales sencillas y un modelo de gestión diferente.
No existe una única solución tecnológica válida para todos.
Aquí los instrumentos RMS podrían cumplir funciones complementarias.
Instrumento | Aplicación a la productividad europea |
|---|---|
SOEI | Identificar dependencias y cuellos de botella tecnológicos, incluidos software, proveedores y tiempos de sustitución |
SOIE | Coordinar empresas, centros tecnológicos, formación, infraestructuras y programas de adopción |
Matriz de Valor Estratégico | Comparar inversiones por productividad, aprendizaje, creación de capacidades y resiliencia |
Protocolo RMS de Inversiones | Seleccionar proyectos, establecer compromisos, comprobar resultados y revisar ayudas |
Un ejemplo: la adopción de IA en 10.000 pymes europeas
Imaginemos un programa público dirigido a mejorar la productividad mediante inteligencia artificial.
Una política tradicional podría concentrarse en financiar licencias de software o subvencionar la compra de equipamiento.
Una política inspirada en Rodrik estudiaría primero qué impide a esas empresas utilizar eficazmente la IA.
Una política RMS integraría ambos aspectos y añadiría la evaluación estratégica.
El SOEI identificaría dependencias tecnológicas y riesgos de concentración.
El SOIE conectaría a las empresas con proveedores, universidades y especialistas capaces de adaptar las soluciones.
La Matriz de Valor Estratégico examinaría si el programa está generando productividad, empleo cualificado y conocimiento reutilizable.
El Protocolo RMS establecería objetivos medibles, compararía proyectos con grupos de referencia y permitiría retirar o modificar apoyos que no funcionasen.
El objetivo no sería conseguir 10.000 nuevas suscripciones a herramientas de IA.
El objetivo sería conseguir 10.000 empresas con mayor capacidad real para producir, gestionar, innovar y adaptarse.
8. El problema europeo más difícil: no todo puede ser prioritario
Europa quiere simultáneamente financiar la transición energética, mejorar la defensa, aumentar la productividad, reforzar la autonomía tecnológica, desarrollar inteligencia artificial y conservar su modelo social.
Pero sus recursos financieros, institucionales y humanos son limitados.
La competencia sistémica obliga a responder a preguntas incómodas.
¿Qué capacidades necesita Europa conservar directamente?
¿Cuáles puede desarrollar de forma compartida con Japón, Corea del Sur, Canadá, Reino Unido u otros socios?
¿Y cuáles puede adquirir mediante el comercio sin comprometer su capacidad de decisión?
La respuesta variará por sector.
Para determinadas aplicaciones de IA, puede resultar más eficiente adoptar herramientas existentes que intentar desarrollar modelos europeos equivalentes.
En otras aplicaciones industriales o de seguridad, conservar capacidades de ingeniería, control, integración o sustitución puede ser fundamental.
La estrategia Made with Europe encaja aquí: construir conjuntamente las capacidades que no resulta eficiente desarrollar individualmente.
Pero el criterio de decisión debe ser económico y estratégico, no simplemente geográfico.
La importancia de los costes de oportunidad
Financiar un proyecto industrial significa no destinar esos mismos recursos a otra actividad.
Por eso RMS debe incorporar expresamente los costes de oportunidad.
No toda industria avanzada merece protección.
No toda dependencia exterior resulta peligrosa.
No toda inversión tecnológica genera productividad.
Y no toda capacidad perdida necesita reconstruirse.
Una teoría seria de competencia sistémica debe explicar tanto dónde intervenir como dónde no hacerlo.
9. España: el problema de productividad no se resolverá únicamente creando nuevas industrias avanzadas
El planteamiento de Rodrik tiene implicaciones importantes para España.
La política industrial es necesaria, pero el aumento de productividad también depende de actividades que no suelen aparecer en los grandes debates estratégicos: comercio, turismo, logística, cuidados, construcción, servicios profesionales y administraciones públicas.
Una mejora de la gestión empresarial, de la formación o de los procesos digitales puede tener efectos relevantes sobre una parte amplia del empleo.
España podría beneficiarse de una estrategia doble.
Por un lado, desarrollar capacidades industriales avanzadas en ámbitos donde disponga de ventajas reales o posibilidades de especialización.
Por otro, acelerar la difusión tecnológica y organizativa en el tejido empresarial existente.
El mayor error sería tratar estas dos tareas como alternativas.
Una economía que solo desarrolla grandes proyectos industriales puede dejar atrás al conjunto de las pymes.
Pero una economía que únicamente mejora sus servicios puede continuar dependiendo de otros sistemas para determinadas tecnologías esenciales.
En términos RMS, España necesita aumentar la productividad de sus actividades actuales mientras construye nuevas capacidades de futuro.
La cuestión decisiva es cómo coordinar ambas políticas, no cuál elegir.
10. Conclusiones
El análisis de Rodrik y de las notas adjuntas permite extraer cinco conclusiones especialmente relevantes.
Primera: productividad e innovación son conceptos diferentes. Crear tecnología no garantiza su utilización eficiente. La difusión y la absorción requieren capacidades organizativas e institucionales.
Segunda: las capacidades de frontera y las capacidades de difusión son complementarias. Europa no necesita liderar todas las tecnologías, pero debe determinar cuáles son esenciales para mantener su autonomía.
Tercera: el China Shock 3.0 exige estudiar quién controla las tecnologías utilizadas para producir. La difusión masiva de IA puede elevar la productividad europea y, simultáneamente, generar dependencias si no existen alternativas ni capacidad de adaptación.
Cuarta: la verdadera competencia sistémica depende también de la capacidad de aprender. No basta con disponer de recursos, industrias o patentes. Importa cómo el conocimiento se extiende, transforma las organizaciones y genera nuevas capacidades.
Quinta: Europa necesita seleccionar prioridades. La estrategia industrial no puede consistir en proteger todos los sectores ni financiar todas las tecnologías. Debe concentrarse en intervenciones donde existan beneficios económicos o estratégicos suficientemente justificados.
Síntesis final: Rodrik, Draghi y RMS
La lectura conjunta permite formular una propuesta más completa para el modelo económico europeo del siglo XXI:
Draghi nos recuerda que Europa necesita inversión, integración y escala.
Rodrik nos recuerda que la innovación solo genera prosperidad cuando sus beneficios se difunden por el conjunto de la economía.
RMS añade que la competitividad duradera depende de la capacidad del sistema para crear, absorber, seleccionar y renovar tecnologías y capacidades, conservando suficientes alternativas para decidir su propio futuro.
En definitiva, Europa no necesita elegir entre innovar o difundir, entre protegerse o comerciar, entre capacidades propias o alianzas.
Necesita construir mecanismos institucionales que permitan decidir en cada caso qué combinación produce mejores resultados.
Y aquí aparece la cuestión que considero más importante :
La gran debilidad europea podría no estar únicamente en su distancia respecto a la frontera tecnológica estadounidense o china, sino en su dificultad para coordinar los recursos, transformar conocimiento en productividad y convertir esa productividad en capacidades sistémicas acumulativas.
Si esta hipótesis se confirma, el problema europeo no sería exclusivamente una insuficiencia de inversión o innovación.
Sería también un problema de arquitectura económica e institucional.
RMS aporta un marco analítico propio: pasar de observar cuánto innova o produce una economía a explicar cómo transforma sus recursos y conocimientos en capacidades productivas, adaptativas y estratégicas que perduran en el tiempo
Dani Rodrik,"Europe Must Look Beyond the US and China to Solve Its Productivity Problem", plantea una tesis provocadora: el problema europeo de productividad no se resolverá copiando ni el modelo estadounidense de innovación radical ni el modelo chino de industrialización dirigida por el Estado. En su opinión, Europa debería centrarse menos en la frontera tecnológica y más en la difusión de las innovaciones existentes hacia el conjunto del tejido productivo, especialmente pymes, trabajadores y sectores tradicionales
Europa debe mirar más allá de EE. UU. y China para resolver su problema de productividad
1. Rodrik acierta al distinguir innovación y productividad
2. Subestima parcialmente el papel de la frontera tecnológica
3. El análisis encaja con el debate abierto por el Informe Draghi
4. Conexión con "China Shock 3.0"
5. Relación con RMS
Conclusión
Given America and China’s lead in AI and other cutting-edge innovations, it is not surprising that much of the European economic policy debate revolves around the need to emulate and catch up with these two technological superpowers. In fact, neither the US nor China offers a relevant or attractive model for Europe.
CAMBRIDGE—Europe faces a productivity crisis. Over the past quarter-century, its labor productivity has risen only half as rapidly as that of the United States, widening the gap between American and European incomes. Thanks to higher public expenditures, stronger labor-market institutions, and superior safety nets, the benefits of European economic growth are better distributed. But without improved productivity, European economies and democracies will remain at risk.
https://www.project-syndicate.org/commentary/europes-productivity-problem-cannot-be-solved-emulating-us-or-chinese-innovation-model-by-dani-rodrik-2026-10
La aportación más valiosa del artículo de Dani Rodrik es recordar que la productividad no depende exclusivamente de la innovación de frontera, sino de la capacidad de una sociedad para convertir el conocimiento en mejoras generalizadas de eficiencia y bienestar. Europa posee fortalezas institucionales, educativas y sociales que pueden facilitar precisamente esa difusión tecnológica a gran escala.
La cuestión central para Europa no es elegir entre el modelo estadounidense o el chino, sino construir un modelo propio. Un modelo que combine innovación, cohesión social e industria avanzada; que preserve las ventajas del Estado de bienestar sin renunciar a la competitividad global; y que sea capaz de generar capacidades tecnológicas propias en sectores estratégicos como la inteligencia artificial, los semiconductores, la energía limpia, la biotecnología o la defensa.
Desde una perspectiva geoeconómica, el objetivo europeo debería ser doble: liderar en algunos ámbitos tecnológicos críticos y, al mismo tiempo, asegurar que sus beneficios se difundan rápidamente por todo el tejido productivo. La verdadera ventaja competitiva de Europa no será reproducir Silicon Valley ni imitar la planificación industrial china, sino desarrollar un ecosistema capaz de combinar innovación, resiliencia y cohesión.
En última instancia, el debate no trata únicamente de productividad. Trata de si Europa quiere seguir siendo un actor capaz de definir las reglas de la economía mundial o resignarse a ser un espacio de consumo de tecnologías desarrolladas por otros. La productividad es una condición necesaria; la soberanía tecnológica y la capacidad industrial son las que determinarán su relevancia en el siglo XXI.
Comentarios
Publicar un comentario